El
día1,
ELLA utiliza la
cartera A luego de una elección cesuda y cuidadosa. O porque era la que más a mano estaba, da igual.
Al anochecer del
día1,
ELLA sabe fehacientemente que el
día2 utilizará otra cartera. La cartera del
día2 será denominada
cartera B a pesar de que aún se desconoce su color, tamaño y material de confección.El astuto lector ya habrá advertido que hay aquí un complicado asunto a resolver: ¿dónde conviene dejar las cosas que el
día1 se llevaron en la
cartera A y que el
día2 serán llevados en la
cartera B?.
Dejar todo dentro de la
cartera A hasta la mañana del
día2 pospone la tarea del pasaje entre carteras para un momento del
día2 (muy temprano a la mañana)
donde cada minuto será un tesoro invaluable que conviene no desperdiciar.
Realizar el pasaje de contenido a la
cartera B al anocheder del
día1 implicaría a conocer con antelación cuál será exactamente esta cartera dentro del Universo disponible, dato que difícilmente pueda alcanzarse sin tener la posibilidad de evaluar variables tales como la temperatura, el color de los zapatos que mejor le calcen y el humor que tendrá el
día2.
¿Entonces?
¿Nos encontramos acaso frente a un dilema?
¿Será éste uno de esos problemas matemáticos sin solución que desvela a generaciones?
No, estimado lector.
La resolución aparece mágicamente al incluir la variable
M, hasta ahora desconocida.

M, de mesa.
Ahí quedarán la billetera, la agenda, la tarjeta de acceso, los auriculares, el pendrive, el espejo, las curitas, las carilinas, el token del banco y los papeles con importantes anotaciones, hasta la mañana del
día2 donde ocupen su lugar en el revoltoso interior de la
carteraB.